Bucaramanga, 10 de mayo de 2025.
DESAPARECIÓ EL VALOR PROFESIONAL DE LA LEALTAD
Para quienes, durante 30 o más años de función al servicio del Estado, tuvimos como norte, el valor supremo de la honestidad, la debida lealtad y el respeto a la confianza depositada por la entidad y los nominadores, en quienes eran vinculados por acto legal o reglamentario a los cargos Nacionales, regionales o locales; nos resulta muy cuestionable la actitud de innumerables servidores públicos de ahora, que hallándose en servicio o apenas se retiran de sus empleos, se vuelven lanza en ristre contra aquellos; revelando aspectos internos de la institución o de la vida íntima de sus jefes o compañeros, con el objeto de demeritar el buen nombre de uno u otro.
Olvidan que el nombramiento o elección va precedida de la confianza del nominador o del elector en la persona ungida para desempeñarse en determinado cargo público; el cual por su naturaleza y destino, estará siempre bajo la mirada de la ciudadanía, que lo convierte en depositario de la confianza legítima, de la credibilidad y el decoro propios de la función pública.
Las rivalidades ideológicas y los odios funcionales desde hace varios años, se han acrecentado en los organismos del Estado Colombiano, dando mal ejemplo a la población y constituyendo otro motivo de insatisfacción ciudadana, respecto del comportamiento de los dirigentes públicos.
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